lunes, 28 de marzo de 2011

Buscando el éxito duradero

Las empresas de éxito son aquellas que consiguen no enajenar al trabajador de su trabajo, hacen partícipes a todos de su logro y miran lejos aunque se esté cerca del suelo.

Son aquellas que son coleccionistas de fracasos, pero que tantas veces cayeron, como las que se levantaron, sustentando el futuro paso a paso. El éxito, con frecuencia, aparece sustentado en anteriores fracasos, fracasos que no hundieron, sino que colaboraron en la fortaleza futura de la empresa.

Son mucho los que consiguen ganar un partido, pero pocos los que realmente se preparan para ganar el campeonato. Los mediocres también ganan a veces. Pero instalados en la mediocridad, el futuro nunca estará asegurado. En nuestra zona de confort parece vivirse bien, pero es un espejismo.

Cuando las cosas comienzan a ir bien, es fácil caer en la autocomplacencia, impidiendo con ello que vayan a mejor. La autocomplacencia nos hace relajarnos y descentrarnos de cual es realmente nuestra misión.

La consolidación de cada cliente ganado debe ser un reto. Eso no se consigue hablando de lo bueno que eres y de lo bien que lo has hecho, pues eso es pasado. Lo que el cliente quiere es futuro, un futuro que puedes construir con él y para ello debes convencerle de que él también quiere construirlo contigo. En un mundo cada vez más competitivo en el que hacerlo bien es opción para muchos, no debemos conformarnos con eso solo. Las posibilidades de formación e información son muchas, por eso debemos aspirar a escuchar mucho y cuidar la formación de los que nos rodean, los que trabajan en nuestro proyecto.

Hacerles participes del mismo es fundamental, pues está demostrado que cuando participamos en la creación de algo tenemos una tendencia a sobrevalorarlo y cuidarlo mayor que cuando lo sentimos ajeno. Y la supervivencia de una empresa va a depender mucho del amor por ella de los que la forman.

Y todo ello con humildad, dando las gracias al que hay que darle las gracias, dando ese paso más que te lleva del éxito puntual a la excelencia. Y alguno te pedirá que limpies el suelo por el que pisan sus sueños, ajeno a que algún día por ahí pasaron los sueños de todos.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Dirigir, pequeños detalles que nos harán ser grandes

No digas lo que crees que la gente quiere oír, di lo que vas a hacer. Por tanto, antes de decir, piensa bien lo que vas a decir. Tus palabras deben convertirse en compromisos. Se creíble, genera confianza.

Delega a la vez que responsabilizas y exiges. La gente que trabaja para ti debe saber que les dejas afrontar retos y asumir el peso de su labor, pero que luego les vas a exigir resultados.

No permitas que las cosas no te las cuenten, velas de primera maro. Estate siempre presente, lo cual no significa que lo hagas todo tu, que asumas el peso de otros.

Escucha y enseña a escuchar. Identifica cuando es el momento de hablar y cuando el de que hablen otros. Facilita que al que le toque hablar sea el centro de todo.

Deja a la gente equivocarse, no les cargues con la presión extra de tener que ser infalibles. Pero hazles ver que esto debe ir unido a la auto-exigencia de mejorar y tratar de corregir.

Haz que tus trabajadores sean cada día mejores. Facilita su formación, aprendizaje y mejora.
Trátalos como quieres que sean, aunque todavía no estén preparados para ello, y facilita que
lleguen a ese grado de competencia.

Ponte “en los zapatos” de los otros. Trata de entenderlos y comprenderlos, sabrás así como tratarlos y hacerlos sentir mejor.

Motiva, pero exige también que los que te rodean colaboren contigo en que para conseguir al motivación que tu también necesitas.

Sueña y facilita que los que te rodeen sueñen contigo.

Ilusiónate y transmite ilusión por contagio.

Caza haciendo cosas bien y felicita por ello.

Enseña lo grande que es ser grande…

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Liderazgo

"El verdadero líder es el que lleva al grupo a donde el grupo quiere ir, aunque quizás no lo sepa conscientemente. Es decir, la esencia del liderazgo está en servir al grupo". José María Acosta Vera (Dirigir).

martes, 2 de noviembre de 2010

La soledad del experto. Ettore Messina

En una sociedad en la que todos nos auto-convertimos en expertos, sin necesidad de serlo, sin necesidad de que nadie me confiera este parabién, sin necesidad de tener datos que lo sustenten, hay cosas que dejan de ser opinables y se convierten en reales, como son los años de oficio, los éxitos conseguidos.

Siempre habrá alguno dispuesto a criticar a los que más saben. Si de deporte hablamos, hay tantos entrenadores potenciales como seguidores de un deporte. Es admirable la facilidad con la que nos ponemos en el papel de coach y decimos: “no tiene ni idea”, “a ver si le echan”, “no sabe a qué juega”. Si es al que adjetivamos es uno de los grandes, no deja de resultarme sorprenderte y hasta doloroso. El ejemplo de moda en baloncesto es Ettore Messina. Con el paso de los años ha ido acumulando victorias, títulos, premios…y respeto.


El respeto no es algo que se pueda perder de un día para otro, pero es cierto que cuesta más ganarlo que perderlo.

Para juzgar la labor de un experto se debería al menos tener un nivel de excelencia adecuado sobre la labor que realiza el que es juzgado. No suele ocurrir. Todos opinamos de todo, sin necesidad de tener datos, sin saber bien ni que ocurre, ni que justifica lo que realmente está ocurriendo.

Cuando alguien ha alcanzado la maestría en una faceta, es muy difícil ponerse a su altura, es inviable departir de tu a tú con él sobre la materia que le ha encumbrado. Los mejores en algo se convierten así en solitarios en el debate. Un amigo me hablaba de lo los velos que vamos derrumbando cuando avanzamos por la senda del conocimiento. Llegas a un momento en el que te crees que lo sabes todo pues hay un velo delante de ti que no te deja ver más allá, que no te permite pensar que hay un más allá. Pero cuando llegas justo a él cae y deja delante de ti un terreno inexplorado, difícil, pero previsiblemente sugerente de recorrer. Si te enfrentas al reto, tarde o temprano te encuentras de frente con un nuevo velo…y la historia se repite. Pero, ¿cómo juzgar al que va varios velos por delante de ti…y de casi todos? De casi todos, pues los mejores en algo suelen ser pocos, deben ser pocos, por definición. Pero claro, quién decide que son los mejores. Debemos acudir a criterios objetivos. Lo subjetivo debe quede en segundo plano.

Cuatro Euroligas, con tres subcampeonatos, cuatro LEGAS y múltiples títulos más no dejan lugar a la duda: Ettore Messina es uno de los grandes, si hablamos de baloncesto, de gestionar grupos, de enfrentarse a retos, de ponerse metas, de liderazgo. Pero parece que ahora se generan dudas sobre su competencia. Tú puedes llevar toda la vida haciendo algo y eso no te convierte en bueno. No es lo que haces, sino como lo haces. No es lo que persigues, sino lo que consigues. Y esto no debería ser (¡no es!) opinable. “Hay un respeto que no da la edad, sino lo que has hecho en la vida” decía hace poco Ettore Messina. Pues señores, él se lo ha ganado… ¡que nadie se lo quite!

Me da que esos con los que ahora se le compara todavía tienen un camino que recorrer que el entrenador del Real Madrid ya ha recorrido. La ACB es nueva para él, el baloncesto no, las exigencias de la competición y de tener que luchar a la fuerza por ser el mejor, tampoco. Tengamos paciencia, respetemos, escuchemos y disfrutemos de tenerle con nosotros.

martes, 26 de octubre de 2010

Deporte y empresa: Un gran ejemplo, Bàsket Manresa

Si hablamos de valores a cuidar en la empresa no deberíamos dejar de lado nunca cosas tan importantes como el trabajo en equipo, el saber delegar y el saber mandar, el respeto a los que te rodean, la gestión responsable, la ilusión y el compromiso contagiosos, la humildad y el saber escuchar.
Mucho se escribe sobre la aplicación de los valores del deporte al mundo empresarial. Un humilde pero gran equipo de la ACB como es Bàsquet Manresa, es un grandísimo ejemplo de ello. Su forma de trabajar es digna de admiración y es un lujo poder observarla. Es una empresa con gente talentosa que ha alcanzado el éxito que tantos persiguen pero tan pocos saben buscar.
El equipo de trabajo que forman su cuerpo técnico y colaboradores combina la ilusión que suele ir unida al que empieza, con la experiencia del que lleva tiempo en algo. Transmiten que saben lo que quieren y que están dispuestos a luchar por ello, sin dar opción al desánimo. Ante los malos resultados, más trabajo. Ante los acontecimientos no deseados, reenfoque sin perder la esencia. ¡Qué gran lección empresarial!
En el deporte las cosas bien hechas por desgracia no están necesariamente unidas con la victoria, al menos a corto plazo. En el mundo empresarial tampoco. Compites contra otros, contra sus recursos y su empeño. Los primeros pueden ser muy superiores a los tuyos, los segundos nunca lo deberían ser, pero debes partir de la premisa de que hay gente muy válida, muy preparada y que estarán dispuestos a tratar de sacar lo mejor de sí mismos.
Pero también compites contra ti, contra tus miedos y dudas, contra tus limitaciones. Y es esta competencia interna la que nunca debes perder. Si no la pierdes, el largo plazo te dará una tregua y te hará encontrar tu ”hueco en el mercado”.
Trabajar en equipo no es decir a los que te rodean lo importantes que son…es demostrárselo, en el día a día, con hechos. Es dar responsabilidades y dejar que tu gente las afronte con tu ayuda, no con tu control. Es asumir sus errores como tuyos, porque tú confiaste en ellos después de haberles dado las pautas para su actuación y ellos haberlas asumido. Es pensar que todos tienen algo que aportar y que fruto de su aportación sacaréis más que jugando a “ser todo”. Es estar presente para ver las cosas de primera mano y que no te las tengan que contar, no para estar fiscalizando su actuación. Es soñar juntos, pues los sueños compartidos llenan más.


Para una adecuada gestión no basta pensar en el hoy, hay que mirar lejos. Si gastas lo de mañana hoy, ¿qué gastarás mañana? Hay gigantes con los pies de barro que quieren ser grandes ya y no apoyan su quehacer en unos cimientos consolidados. La grandeza es algo que se consigue día a día, poco a poco y no en un día. Implica tener esa mentalidad de actuar hoy pensando en las repercusiones futuras. Implica no renunciar a ser grande, pero jugar a ser pequeño. Implica practicar una gestión responsable, que en ocasiones no genere amistades, pero que genere futuro, porque cuida el presente y genera un crecimiento sostenible cuando es posible y un mantenimiento audaz cuando es lo que se requiere. Implica respetar una serie de principios si queremos unos buenos finales.
La humildad es fundamental. Te ayuda a ser mejor, te exige progresión, te acerca los demás y genera simbiosis con el entorno. Lo contrario aleja, te convierte en inasequible, aunque pueda generar admiración momentánea. La humildad a largo plazo cambia las envidias por admiración, genera comprensión antes los errores y aceptación de la derrota, que se convierte en compartida.
El escuchar de forma activa mejora tus resultados, facilita el dar respuesta a los problemas y se convierte en un arma para motivar. Nos suele gustar más hablar que escuchar, pero invirtiendo la tendencia se obtienen mejores resultados. Hablando se puede aprender a hablar mejor, pero no se puede aprender lo que saben otros y tu desconoces. Escuchando hacemos la opinión de otros valiosa, aunque puede no compartirse.
Humildad + saber escuchar es una suma provechosa.
No dejar nada a la improvisación…pero saber improvisar. Ser previsor, saber realizar tu trabajo previo, saber “afilar el hacha”, es un buen comienzo, obligado comienzo. Pero también hay que estar preparado para reaccionar ante lo que no podemos contralar y descontrola lo esperado. Esto se gana con la experiencia.
Al escribir todo esto pienso en Jaume Ponsarnau, en Aleix Duran, el Xavier Schelling, en Fernando…en todo ese grupo humano que unido forma una gran familia, una gran empresa, con una empresa muy complicada entre manos, la de un año más poder seguir soñando, poder seguir luchando contra la lógica no tan lógica.

martes, 6 de julio de 2010

Dando respuesta a la crisis: Las cosas bien hechas

Mucho se ha hablado sobre la crisis. Se han buscado todo tipo de soluciones, alguna de ellas de lo más novedoso y sofisticado, dignas de amplios escritos. Hemos tratado de acudir a los mejores expertos demandando respuestas, soñando cambios.
Con el paso del tiempo, cada vez pienso más que la solución estaba y está en la simplicidad, en el mirar a dentro, en la vuelta a los valores, en lo complejo de lo sencillo, en lo que tal vez resulte poco atractivo y difícil de vender… pues no vende libros.

Creo que solo hacía falta hacer bien las cosas… ¡casi nada! Cumplir lo prometido, prometer lo que puedo cumplir, tratar bien al cliente, darle la razón cuando la tiene y ser comprensivo y explicativo cuando no la tiene, ser productivo, ser eficiente, ser profesional... No he dicho nada novedoso, difícil de entender, pero sí con frecuencia poco extendido, difícil de hacer. Simple, pero complejo. Simple porque no implicaba mirar muy lejos, complejo porque nos exigía sacar lo mejor de nosotros mismos.

Si tu negocio no funciona, trata de hacer bien las cosas. Si el mercado dice que solo hay hueco para unos pocos, ten seguro que ese hueco es para los mejores y créete que tú eres uno de ellos y actúa en consecuencia. Si el futuro parece desolador, piensa en el poder que tienes en tus manos, en tu capacidad para cambiar la tendencia. Y cuando haya que tomar decisiones, duda, pero decide con convicción y se valiente con lo decidido.

sábado, 26 de junio de 2010

Economía para no economistas

DE SALARIOS MÍNIMOS, JUSTICIA SOCIAL, ESTÉTICA Y PLAZOS

Un empresario debería estar dispuesto a contratar a un trabajador siempre y cuando el valor de lo que aporta el trabajador a la empresa sea superior a su salario, es decir, el empresario saca un excedente con su contratación, pues entra en su bolsillo más que sale.

Cuando el gobierno fija unos salarios mínimos lo que está haciendo es intervenir en el mercado de trabajo, regulándolo, poniendo normas para su funcionamiento, partiendo de la base de que los mercado presentan imperfecciones que pueden hacer necesarias la intervención de un poder central, además de por razones sociales, estéticas o por presiones de colectivos con capacidad de influir en lo que pasa.

Todo esto nos lleva a una tal vez más polémica decisión de lo que algunos creen, que es obligar a alguien a pagar por algo un mínimo que puede ser superior a lo que ese alguien va a obtener. Esto, lógicamente, provocará el que el empleador pueda estar renunciando a desarrollar una acción absurda, la de paga por algo más de lo que vale, con la consecuente generación de desempleo.

Según las leyes de la oferta y la demanda, habrá un exceso de oferta de algo (bien, servicio o factor de producción) cuando su precio de mercado es superior al precio de equilibrio, que sería el precio que igual la oferta a la demanda. Al exceso de oferta de trabajo se le conoce como desempleo y en base a este argumento, su existencia no indica que se está pagando por los trabajadores más de lo que las leyes del mercado aconsejan… ¿Bajemos lo salarios y ya está?

No me atrevería a decir eso, pero sí considero que es necesario que las decisiones económicas no estén condicionadas por el corto plazo que nos marcan las elecciones, pues para que la economía funcione se debe mirar a lo lejos, aunque se corra el riesgo con ello de perder las elecciones y que los buenos resultados los disfruten otros…